Dspués de dos días inmersos en la Roma antigua y monumental, el tercer día nos mostró un contraste inesperado: la Roma contemporánea.
Mañana en el Museo MAXXI.
Visitar el MAXXI fue cambiar completamente de lenguaje arquitectónico. Líneas curvas, espacios fluidos y estructuras que parecen moverse contrastan con la rigidez clásica que habíamos visto en días anteriores.
El edificio nos hizo reflexionar sobre cómo Roma no vive únicamente de su pasado. También se proyecta hacia el futuro. Los espacios interiores juegan con la luz, las rampas y las perspectivas cruzadas, generando recorridos dinámicos.
Como estudiantes, fue interesante ver cómo la arquitectura contemporánea dialoga sin competir con el peso histórico de la ciudad.
Explorando los Museos Vaticanos y visita al vaticano
Antes de llegar a la inmensidad de la Plaza de San Pedro y la impresionante Basílica de San Pedro, tuvimos la oportunidad de recorrer los Museos Vaticanos. Caminar por sus galerías fue como atravesar siglos de historia del arte reunidos en un solo lugar. Pinturas, esculturas, mapas antiguos y salas decoradas con frescos convierten el recorrido en una experiencia que va mucho más allá de una simple visita turística.
Uno de los momentos más impresionantes fue observar la riqueza de detalles en los techos y paredes, donde cada sala parece contar una historia distinta. A medida que avanzábamos por los corredores, el ambiente se volvía cada vez más silencioso y contemplativo, como si el espacio invitara a detenerse y observar con calma.
Para nosotros, como estudiantes, fue una oportunidad única de entender cómo el arte, la arquitectura y la historia pueden integrarse en un mismo recorrido espacial.
No se trata solo de admirar obras famosas, sino de experimentar cómo cada sala guía al visitante hacia la siguiente, construyendo una narrativa visual que culmina en algunos de los espacios más emblemáticos del Vaticano.
en el Vaticano
Por la tarde nos dirigimos al Vaticano. Entrar en la Plaza de San Pedro y ver la inmensidad de la Basílica de San Pedro es una experiencia que trasciende lo arquitectónico.
La escala, las columnas, la cúpula que domina el horizonte… todo está pensado para generar asombro. Más allá de creencias personales, el espacio transmite grandeza, silencio y respeto.
Ese día comprendimos que Roma no solo habla de poder político o ingeniería antigua, sino también de espiritualidad y simbolismo.
El cuarto día fue el más intenso en recorridos. Caminamos sin prisa, dejando que cada lugar nos sorprendiera.
Entrar al Panteón fue uno de los momentos más impactantes del viaje. Su cúpula perfecta y el óculo central permiten que la luz natural transforme el espacio constantemente.
Pensar que esta estructura lleva casi dos mil años en pie nos hizo valorar aún más la precisión de su construcción.
Llena de visitantes y movimiento, la Fontana di Trevi es un espectáculo urbano.
Lanzar una moneda fue casi un ritual colectivo, una pequeña promesa de regresar.
Subir las escaleras y observar la ciudad desde arriba fue un momento de pausa.
Roma se siente distinta cuando la miras desde cierta altura.
La Plaza de España (Piazza di Spagna) es una de las plazas más famosas y visitadas de Roma, Italia. Conocida por su elegante escalinata barroca y su entorno monumental, es un punto de encuentro emblemático entre el arte, la moda y la vida urbana de la capital italiana.
Más abierta y monumental, esta plaza transmite orden y perspectiva. Es uno de esos espacios donde la ciudad respira.
Después de tantos monumentos, caminar por Villa Borghese fue un respiro. Árboles, senderos y vistas amplias nos recordaron que la ciudad también necesita naturaleza.
El atardecer fue el cierre perfecto: el cielo cambiando de color sobre las cúpulas romanas, mientras nosotros guardábamos silencio.
El último día fue más tranquilo. Compramos algunos souvenirs, tomamos café y caminamos por última vez sin rumbo fijo.
En el aeropuerto, el sentimiento era mezcla de tristeza y gratitud. Tristeza por irnos. Gratitud por todo lo aprendido.
Como grupo, fortalecimos nuestra amistad y nuestra mirada como futuros arquitectos. Como individuos, cada uno se llevó una experiencia personal distinta.
Subimos al avión cansados, pero con la sensación de haber vivido algo que marcará nuestra forma de ver la arquitectura y la ciudad para siempre.
“Roma no fue solo un viaje de estudio; fue una experiencia que cambió nuestra forma de ver la arquitectura y la ciudad.”